Profesionalización, ética, integridad y sensibilidad social como pilares de la función pública del siglo XXI

Coordinador: Maximiliano Campos Ríos. Profesor-Investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Argentina.

Los desafíos del siglo XXI no pueden enfrentarse con un modelo conceptual propio del siglo XIX. El papel de la administración pública debe estar enmarcada y preparada para enfrentar los retos de una sociedad del aprendizaje y sus modelos organizativos deberán ser mucho más contingentes, y por lo tanto, adaptables a los cambios. En ese marco, las políticas públicas pueden ser entendidas como instrumentos en donde interviene el Estado para crear valor público a través de combinaciones particulares de productos, decisiones vinculantes e ideas. La articulación de los elementos establece el perfil de intervención pública que puede conducir (o no) a la realización de marcos de prestación valiosos o que general valor público. En ese sentido, uno de los retos más importantes del siglo XXI sea el de la profesionalización, no sólo de las burocracias, los procedimientos y el Estado, sino también de la cultura, en el marco de los desafíos que nos impone la transformación digital.

La revolución tecnológica está facilitando un gran empoderamiento ciudadano que se manifiesta no sólo en demanda de participación en las decisiones (Estado abierto) y la economía colaborativa, sino también en otras dimensiones de carácter político, educativo y cultural. Las instituciones que ejercen de intermediarios sociales están en riesgo si no son capaces de generar un nuevo valor para sus contribuciones. Por ello, es importante el peso que juega la integridad y la sensibilidad social de los agentes públicos en todo el ciclo. Desde las políticas de prevención hasta los aspectos punitivos. Todo ello en el marco de una fuerte y consolidada cultura del compliance público. Las administraciones públicas no son una excepción a este cambio de paradigma, ya que fundamentalmente su papel es el de intermediación entre los intereses particulares y el interés general. En ese sentido, una administración pública profesionalizada y adaptada a la transformación digital, pero que al mismo tiempo sea ejemplar en su integridad y sensibilidad social, es el desafío de toda organización pública.